Muchos ríos de tinta ―electrónica y tradicional― han corrido durante las últimas semanas acerca del «escándalo» que implica a la red social por excelencia, Facebook. Y no es para menos.

Facebook

Hablamos de que, una empresa de análisis de datos con fines electorales —y prácticas de más que dudosa ética—, Cambridge Analytica, al socaire de una brumosa legalidad se hizo con la información de 50 millones de usuarios de la criatura de Zuckerberg. Estos datos fueron utilizados sin el conocimiento ni, por tanto, el consentimiento de los afectados para dirigir voluntades políticas en dos comicios. El referéndum sobre la salida del Reino Unido de la UE, el Brexit, y las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016.

Ya sabéis que nuestra página no se dedica a comentar informaciones que atañen al ámbito de lo político; para ello basta acudir a los diarios convencionales o digitales, o a los múltiples blogs y canales que dedican sus esfuerzos a desentrañar los meandros de la «cosa pública». Lo que nos interesa, como siempre, son los aspectos tecnológicos que rodean al affaire. En este caso concreto la impresión ―más bien, y a estas alturas, certeza― de que, como usuarios de redes sociales, nuestra información más privada está en entredicho, cuando no en almoneda.

Cronología del «Facebook Leaks»

A semejanza de lo que ocurriera con Edward Snowden, quién en 2013 filtró información sobre los programas de vigilancia norteamericanos, la «liebre» la levantó el fundador de Cambridge Analytica, Christopher Wylie en declaraciones a The New York Times y al británico The Guardian.

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Christopher Wylie. Firstpost.

Wylie, de origen canadiense, ha sido desde su adolescencia un incansable y más que efectivo estratega y activista de la política; valiéndose de las armas que a su disposición ponían las, por entonces, nacientes redes sociales, Facebook o Twitter. Llegó a colaborar en la primera campaña de Barack Obama.

A los 20 años, se traslada a Londres y trabaja para el Partido Liberal Demócrata compaginándolo con los estudios de derecho. En 2013, contacta con el Strategic Communication Laboratories (SCL) cuyo CEO, Alexander Nix, le ofreció la oportunidad de desarrollar libremente sus «talentos». De ahí nació Cambridge Analytica. Consultora con el objetivo explícito de ayudar a las organizaciones políticas a llegar a potenciales votantes combinando, para ello, datos de distintas fuentes. Así construían «perfiles» que, a posteriori, eran analizados por programas informáticos para predecir el comportamiento del ciudadano en las urnas. Lo que ya no resultó tan transparente, fueron las estrategias de «corte militar» que Wylie aplicaba a la información obtenida ni, mucho menos, la posibilidad real de manipulación del votante mediante publicidad dirigida.

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Todo este juego de abducción de voluntades tuvo la cobertura económica de la familia Mercer; estos entraron en contacto con el proyecto por medio del que, posteriormente, sería jefe de Estrategia de Trump, Steve Bannon.

Aleksandr Kogan

Este nombre, desconocido fuera del círculo de la investigación cognitivo-conductual, se ha convertido en un pilar de la truculenta historia.

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Aleksandr Kogan.

Kogan, de origen moldavo, trabaja en la Universidad de Cambridge y es propietario de Global Science Research. A él se debe el desarrollo de thisisyourdigitallife; una app orientada ―en principio― a fines académicos, concretamente estudios de la conducta; algo que Facebook permitía dentro de su política de privacidad en 2014. Es decir, los usuarios podían registrarse de manera rápida y sencilla, a través del «botón» habilitado para la red social. En este caso, la herramienta accede al perfil del usuario. Kogan se hizo con los datos de 270.000 personas. Y, accedieron, también, a sus «amigos». En total, 50 millones de almas.

Lo peor de todo es que, la información obtenida, se vendió a Cambridge Analytica. Este proceder, contrario a las normas de Facebook, no encontró mecanismos que informaran de la infracción. Y, una vez en poder de la analista, se utilizó con el fin de moldear el comportamiento de los electores. Para ello se elaboraban mensajes personalizados, disfrazados de inocente publicidad o noticias, que eran enviados a través de la propia Facebook.

¿Cuándo se enteró Facebook?

Si nos atenemos a la confesión del «Snowden canadiense», la empresa tuvo conocimiento de las irregularidades cometidas por Kogan en algún momento de comienzos de 2016. La respuesta consistió en un requerimiento, escasamente contundente, en que solicitaba recuperar los datos malversados. En ningún momento, sostiene Wylie, dejaron entrever preocupación alguna por avisar de lo sucedido a los afectados.

Reacciones

Es pasmoso, realmente, comprobar la parálisis que parece afectar a los gigantes tecnológicos en cuanto salen a la luz cuestiones espinosas. Ya se trate de Apple y su presunta práctica de la obsolescencia programada, ya sea ―en lo que nos ocupa hoy― la supuesta mala gestión de la privacidad del usuario por parte de Facebook.

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Y es que, la red social que mantiene conectada a una tercera parte de la humanidad no ha sabido reaccionar a tiempo a las declaraciones de Wylie. Tan sólo, y una vez que su cotización en Wall Street había caído un 7%, la segunda de a bordo, Sheryl Sandberg, anunciaba que se había contratado los servicios de una auditoría externa para evaluar el alcance del daño.

Del CEO, el esquivo Zuckerberg, hubo que esperar 4 días hasta que decidió pronunciarse en su propio muro. No obstante, el entonar el mea culpa y el «a mí que me registren» no han servido de mucho y han convencido menos de la solvencia de Facebook a la hora de proteger la privacidad de sus usuarios.

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De hecho, el jefe de seguridad de la red social, Alex Stamos, y la inmensa mayoría de su equipo han apostado por dejar sus empleos; Facebook enfrenta una investigación por parte de la Comisión Federal de Comercio norteamericana que podría devenir en una multa millonaria; el propio Zuckerberg ha sido citado para testificar en sendas comisiones a ambos lados del Atlántico; y gurús de la tecnología, como Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX, ha eliminado, de la red social, las páginas de sus empresas.

Por otra parte, el cofundador de WhatsApp, Brian Acton, quien vendió el servicio a Zuckerberg ha impulsado el hashtag #DeleteFacebook en Twitter.

Christopher Wylie y Cambridge Analytica

Su horizonte administrativo pasa por testificar ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes. Sus cuentas de Facebook, Instagram y WhatsApp han sido suspendidas.

El mismo procedimiento se ha seguido con Cambridge Analytica, informa AFP. A pesar de que, los británicos, en un comunicado, desmintieron las acusaciones. Este último extremo no goza de credibilidad tras conocerse, a través de una «cámara oculta» de Channel 4, que la consultora extorsionaba a políticos.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora?

Facebook aduce que no ha sido víctima de hackeo ni de cualquier otro tipo de piratería o robo de datos. Para ello se basa en que, en la época en que se obtuvo la información, la forma de acceder a ella era la usual; o sea, por medio de una aplicación que requería la avenencia del interesado. No es mentira.

Sin embargo, no es menos cierto que hasta 2015, las aplicaciones tenían acceso a los datos de los «amigos» del usuario.

Además de la auditoría, el equipo de Menlo Park contempla un paquete de medidas que pasa por restringir el acceso que los desarrolladores tienen a la información; limitándose al nombre, foto y dirección de correo del usuario. Al mismo tiempo, se implementará un indicador en la parte superior del panel de noticias; este da cumplida cuenta de las aplicaciones usadas y, si se desea, permite revocar los permisos otorgados.

Por su parte, las administraciones, han puesto sobre la mesa el desarrollo de una ley que regule los anuncios políticos en la red, igual que los emitidos por medios tradicionales. Y esto, según parece, no se detendrá aquí. Las peticiones de políticos, para endurecer la regulación, desde ambos continentes van in crescendo.  En este sentido se han pronunciado la senadora demócrata de Minnesota, Amy Klobuchar, y el republicano de Luisiana, John Kennedy.

Hasta el CEO de Facebook, en declaraciones a la CNN, reconoce que «en realidad, lo más probable es que se deban corregir las reglas […] La pregunta que hay que hacerse es ¿dónde está el límite de una reglamentación correcta?».

Conclusión… provisional

Terminamos, por ahora, con una reflexión del propio Wylie, acerca de las redes sociales.

«Cuando vamos a algún sitio y apretamos el botón “me gusta”, estamos dando mucha información sobre la persona que somos. Es muy fácil capturar esta información y meterla en un algoritmo que sabe rápidamente quién somos».

Fuentes: CNET; The New York Times; The Guardian; AFPFacebook; CBS News; CNN; University of Cambridge; Channel Analyst of Channel 4.

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