Una investigación de la California State University, relativa a la dependencia del móvil entre estudiantes mostró que la retirada del dispositivo durante un corto período de tiempo: 10-20 minutos en determinados grupos (los que dan un uso diario más intenso a su terminal o heavy daily use) elevaban su nivel de ansiedad por encima de los que hacían un uso normal o bajo; conducta que se conoce como nomofobia (nomophobia, de la contracción de NO MObile PHone phOBIA) y que afecta hasta a un 66% de la población británica y un 53% en España.

Este comportamiento comienza a preocupar no sólo a neurocientíficos y profesionales de la salud ―obviamente― también a educadores, padres y a la propia industria tecnológica.

La adicción al móvil en edades tempranas

—Sus hijos deben adorar el iPad.

—Ellos no lo usan. Limitamos cuánta tecnología pueden utilizar nuestros hijos en casa.

Entrevista a Steve Jobs. New York Times, 2010

Los programadores y la «plasticidad neuronal»

Nomofobia
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Todos sabemos que los programadores son profesionales de la tecnología con capacidad para crear software de consumo. Sin embargo, lo que quizá no es tan evidente son las estrategias psicológicas que rodean a ese alarde de creatividad y que se refieren a la forma en que, la industria del entretenimiento provoca que el usuario vuelva, con frecuencia creciente, sobre la aplicación  descargada. Se estima que muchas personas llegan  a consultar su smartphone hasta 150 veces en el día.

En honor a la verdad, tales «mecanismos de atrapamiento» no son un invento moderno; viene utilizándose en el campo de la psicología publicitaria hace décadas. Y, sus bases son tan sencillas como establecer capas de penetración profundas en el consumidor mediante la activación y el uso continuo de notificaciones específicas.

Dicho de otra forma, se hace todo lo posible para llamar la atención del usuario con el bombardeo de sonidos y vibraciones, con intención de «entrenarlo» para requerir del mismo una acción inmediata. Basta pensar en lo que sucede cuando nos hacemos con nuestro juego favorito.

¿Por qué ocurre esto?

Nomofobia
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Toda actividad mental tiene su fundamento en la actividad subyacente de las células del cerebro (neuronas). Gran parte de esa actividad pasa por el cerebro igual que las calmas aguas de un río, sin efectos en su cauce. Pero, una intensa, prolongada o repetida actividad mental termina por dejar huella, al igual que una crecida torrencial remodela el lecho del río.

De manera que, poco a poco, la mente moldea al cerebro. Esto se conoce en neurociencia como plasticidad neuronal dependiente de la experiencia.

Quizá se entienda mejor con un ejemplo. En el cerebro de los taxistas londinenses (obligados a memorizar el callejero de la ciudad), las capas de neuronas asociadas a la memoria visuo-espacial, son de mayor grosor; o sea, al igual que hay personas que fortalecen determinados músculos, ellos han ejercitado una parte del cerebro.

Consideraciones sobre el uso (y abuso) del smartphone

Los smartphones,  además de ser accesibles para casi todo el mundo han terminado aceptándose, culturalmente, como el estándar de comunicación.

Nomofobia
Imagen libre de derechos de autor. Shutterstock

A medida que los más jóvenes ven a sus padres, hermanos mayores y amigos usando sus teléfonos, se refuerza en ellos la idea de esta «normalidad». Y, detrás de la generalización de tales conductas, la industria tecnológica invierte miles de millones de dólares en ideas que, en palabras de los psicólogos, consiguen —fundamentalmente— desconectar a la generación más ‘conectada’.

¿Estamos exagerando o negamos la realidad?

Aunque todavía es atrevido dar por válidas hipótesis alarmistas, lo cierto es que se ha comenzado a observar, en los nomofóbicos, un comportamiento similar al patrón de las adicciones relacionadas con sustancias de abuso.

Investigadores de la Korea University estudiaron los cerebros de 19 adolescentes diagnosticados de adicción a internet o a smartphones. En comparación con otros 19 no adictos, los cerebros de aquellos tenían niveles significativamente más altos del neurotransmisor que inhibe las neuronas; las «desactiva», para entendernos.

A este resultado no podemos otorgarle validez científica plena, aunque sólo sea porque la muestra es excesivamente pequeña (19) como para elevar las conclusiones al rango de ley.

La industria ya ha tomado nota

Una de las alteraciones más conocidas relacionadas con el uso de un dispositivo inteligente es que la luz que emite, sobre todo durante las horas de descanso nocturno, puede alterar la producción de melatonina y, por tanto, nuestro sueño. No obstante, nadie puede negar que la industria tecnológica ha provisto soluciones. Hoy día, cualquier smartphone, incluso en la gama de entrada, dispone de mecanismos que se activan con un simple toggle cambiando la tasa de emisión de pantalla o creando filtros que protegen el sistema regulador del ciclo sueño-vigilia.

Nomofobia
Imagen propiedad de elmundoalinstante.com

Es por ello que nos parece que no resulta demasiado difícil conjugar salubridad y uso responsable de la tecnología. Sabemos que, para cada problema que va surgiendo y que cuenta con el respaldo de estudios rigurosos, los diseñadores proveen mecanismos que intentan, cuando menos, minimizarlos si no es posible neutralizarlos.

Fuentes:

Computers in Human Behavior. Volume 37, August 2014. Hanson, Rick. Cultiva la felicidad. Editorial Sirio S.A., 2016

CNN Health.com; techcrunch.com; Pew Research Center. Internet & Technology

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