Seguro que habéis escuchado, referido a una persona o conjunto de ellas que encadenan una serie de infortunios sin solución de continuidad, la castiza expresión «monta un circo y le crecen los enanos». Bueno, pues esto mismo ―o algo  parecido― le está sucediendo a Facebook desde hace poco más de un mes.

Y es que, el lucrativo invento de Zuckerberg no cesa de ser objeto de revelaciones relativas a su «peculiar» manejo de la privacidad.

Hace unos días os contábamos el affaire Cambridge Analytica que ya afecta a 87 millones de personas; 2.7 de ellos en el Viejo Continente. Ahora, a una semana de que el propio CEO testifique ante las Cámaras estadounidenses por aquél turbio episodio, la web TechCrunch ha desvelado un  torticero proceder que involucra de lleno a la cúpula de la red social.

El jefe es el jefe, es el jefe,…

Tú no puede eliminar los mensajes que has enviado a tus «amigos» a través de Facebook Messenger, Mark y sus colegas sí.

Facebook
REUTERS. Albert Gea

Todo surge a raíz de la información proporcionada al digital norteamericano por tres «fuentes», que aseguraban que los mensajes que Zuckerberg les había enviado «desaparecieron» de sus bandejas de entrada. De hecho, las respuestas que ellos  habían dirigido al exalumno de Harvard, permanecían intactas.

Partiendo de esta revelación, los redactores investigaron. Y, efectivamente, se confirmó que, por ejemplo, en 2010, el CEO de Facebook envió mensajes a empleados que, hoy, no figuran en el registro ni en el volcado de archivos personales que permiten las herramientas.

Puestos en contacto con Menlo Park, les remitieron una declaración en la que reconocían el borrado invocando la socorrida seguridad corporativa:

«En 2014, y tras el hackeo de los correos de Sony Pictures, se hicieron una serie de cambios para proteger las comunicaciones de nuestros ejecutivos. Entre estos se incluyó la limitación del período de permanencia de los mensajes. Todo en cumplimiento de nuestras obligaciones legales».

Haciendo memoria, en el pirateo de Sony se hicieron públicos correos electrónicos del presidente de la compañía, Michael Lynton. Correos donde se revelaban estrategias de mercado que, lógicamente, deberían haber permanecido ocultas; con excepción de los destinatarios, claro.

Nadie es informado

Lo aducido por la empresa en su nota serviría para zanjar el asunto si no fuese por una serie de aspectos que, cuando menos, resultan inquietantes.

En primer lugar, puede que Facebook no diese la publicidad que la ética demanda a su conducta en aras de esa «seguridad corporativa»; pero es que ni siquiera informó, de manera privada, a los receptores de las comunicaciones. Esto plantea un escenario de opacidad ―una vez más― por el que transitan las prácticas de la red social.

En segundo lugar. Los que usamos Facebook sabemos de la imposibilidad de realizar lo que Zuck y sus acólitos han perpetrado. Nuestros mensajes seguirán apareciendo en el hilo del destinatario a perpetuidad. O sea, el nivel de privacidad del que gozan algunos jerarcas no es aplicable al común de los usuarios.

En tercer lugar. Tras las investigaciones iniciales han aparecido más casos, idénticos a los del trío original de «gargantas profundas» que prefirió el anonimato por temor a represalias.

El botón «Unsend» para todos…ahora

Ayer, y ante la creciente indignación de los sufridos afiliados a la gran F, esta se vio obligada a salir a la palestra en un intento de sofocar los ánimos.

Y lo hizo con un anuncio. En los próximos meses habilitará la potestad de utilizar esa «versión cifrada» de la que gozaban, en secreto, Mark y otros pocos, para los 1.300 millones de usuarios de Facebook Messenger. Es más. Hasta el momento en que esto ocurra, no se permitirá a los ejecutivos hacer uso de la prerrogativa.

En palabras de un representante de la compañía:

«Las personas que usan la versión cifrada de Messenger tienen la capacidad de configurar un temporizador y hacer que sus mensajes se eliminen automáticamente. Lo que haremos es implementar una función aún más amplia para eliminar mensajes. Llevará un tiempo. Y hasta que esté lista, no borraremos los mensajes de ningún ejecutivo. Deberíamos haberlo hecho antes; lo lamentamos».

Parálisis permanente

Sin embargo, y como ya ocurriera en el «FacebookLeaks», la capacidad de reacción de Menlo Park se evidencia torpe; siempre a la zaga de las críticas. Casey Newton, editor de The Verge, habla de «comportamiento extremadamente sombrío por parte de Facebook. A muchos de nosotros nos encantaría hacer desaparecer los viejos mensajes». En la misma línea se pronunciaron Selena Larson de CNN, , Emma Sandler de Forbes, quien habla de «terribles consecuencias» o el digital neoyorquino Business Insider.

Este último destapó, en 2010, mensajes escritos por un Zuckerberg de 19 años a un amigo al poco de iniciar The Facebook en 2004. «[…] si alguna vez necesitas información sobre alguien de Harvard, pregúntame […] tengo más de 4.000 correos electrónicos, imágenes, direcciones, SMS. […] No sé por qué estos jodidos tontos confían en mí».

Mark debe explicarse

La filtración no podía llegar en peor momento para la veterana red social. La próxima semana su CEO está citado para comparecer en los comités de Judicatura y Comercio del Senado estadounidense, y de Energía y Comercio del Congreso para dar explicaciones sobre el incidente de Cambridge Analytica. A los requerimientos que los representantes le hagan sobre la forma en que se trató la privacidad en tan grave asunto, se pueden añadir nuevas peticiones acerca de este trato de favor reservado al selecto círculo de Zuckerberg.

Si bien es práctica habitual de muchas empresas implementar protocolos que permitan eliminar comunicaciones sensibles entre sus empleados; no lo es en absoluto el que puedan hacer lo propio con aquellas cuyos destinatarios no son parte del staff. Pero, claro, no todos los negocios son una red que, a modo de «Gran Hermano», posee ambos extremos del canal de comunicación. De ahí que estén más obligados a ejercer una política de transparencia que otorgue confianza a los usuarios; al margen de que tal comportamiento viola los Términos de Servicio del propio Facebook.

En definitiva. Las maniobras destapadas, hacen que el lema que acompaña las puestas en escena de Zuck, People First, suene a…puro choteo.

Fuentes: TechCrunch; Business Insider; CNET; CNN Tech; The Verge; Twitter Inc.

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